19/08/2018

Pareja

La terapia de pareja es una de las especialidades terapeúticas más difíciles. El éxito de un tratamiento psicológico depende entre otras cosas de la actitud con la que la persona acude a consulta. Si ya es difícil encontrar una fuerte motivación para una sola persona, poner de acuerdo a dos y afrontar los retos de la comunicación de pareja, lo es mucho más.

Por lo general, es un miembro de la pareja quien tira del otro en la búsqueda de soluciones y se interesa por encontrar el apoyo  psicológico de un profesional. Tantas veces, el otro miembro viene arrastrado u obligado y empieza la terapia de mala gana. En terapia de pareja esta es una situación normal y hay que asumirla, pero no es el mejor punto de partida.

Otra cuestión es que en asuntos psicológicos, se acude al profesional cuando el problema suele estar ya muy avanzado. Significa esto que muchas veces las tensiones y los agravios sentidos en la pareja tienen una larga historia y cada persona siente un gran aferramiento a su dolor y a su propia manera de ver las cosas.

Muchas parejas vienen a terapia cuando uno de sus miembros ha decidido ya de manera tácita separarse, incluso aunque todavía no lo sabe. Lo ha decidido pero ha aplazado poner en marcha la decisión por alguna circunstancia. En este caso la terapia saca a la luz este hecho y puede, sin ser esa su intención, acelerar la separación.

Sin embargo, desde nuestros conocimientos de la psicología, sabemos que la comunicación humana es capaz de hacer cosas increíbles como que dos personas resuelvan sus conflictos, renueven su relación de pareja, y sigan adelante juntos en la vida. Pero para ello, hay que querer. Y son los dos, y no uno solo, quienes tienen que querer.

En esta modalidad de terapia trabajo junto a otra psicóloga que actúa como co-terapeuta. La terapia  alterna sesiones individuales con sesiones de pareja siguiendo un plan acorde con las necesidades concretas del caso. Esto permite realizar un acompañamiento mucho más personal donde el terapeuta no juega tanto un papel mediador entre los miembros de la pareja (tantas veces inútil), sino, más bien, el de prestar apoyo a cada persona en su búsqueda de soluciones.