19/08/2018

Niños y Adolescentes

Niños

A diferencia de los adultos, los niños son capaces de contar lo que les pasa con naturalidad, de manera clara y en poco tiempo. No digo que sea así siempre pero sí, en la mayoría de los casos. Además los niños hablan de sí mismos no solo con palabras sino con su cuerpo y sus acciones porque no están tan mediatizados por el peso de lo que piensan como lo estamos los mayores.

Solo debemos proporcionarles la oportunidad de expresarse en un ambiente favorable donde se sientan seguros y comprendidos.

La parte menos sencilla de todo esto es que sus problemas siempre apuntan a las relaciones familiares que son responsabilidad de los adultos transformarlas y muchas veces esto supone una toma de conciencia que a algunos padres y madres les cuesta realizar.

Algunos padres vienen a consulta queriendo que el psicólogo cambie a su hijo, cuando en realidad son ellos quienes tienen que cambiar, por ejemplo, modificando sus puntos de vista sobre algún aspecto de la educación o de las relaciones familiares. Cuando los padres son colaborativos, el problema, por lo general, se resuelve o mejora en muy pocas sesiones. Cuando no, interrumpen la terapia y se van en busca de un diagnostico más favorable que les descargue de su responsabilidad. Esto está dando lugar a numerosos falsos diagnósticos de TDAH y a medicalizar comportamientos en los niños que en muchos casos no son más que una reacción a problemas no resueltos o mal tratados en el entorno familiar.

Según mi experiencia, de la totalidad de casos, solo un número muy pequeño requiere de tratamientos o intervenciones específicas al margen de tratar los problemas relacionales.

 

Adolescentes

Dos son los problemas que se presentan en la terapia con adolescentes. Uno es que por lo general, son reacios a asistir a la consulta de un psicólogo por iniciativa de los padres y dos, que sus problemas frecuentemente tienen ya una historia más larga que empieza en la infancia y explota en la adolescencia.

Pero  no siempre es así, la pubertad y la adolescencia como etapas de la vida ya presentan suficientes retos para cualquier ser humano. Los cambios físicos y psicológicos de los adolescentes someten sus personalidades a desafíos constantes entre lo puramente personal y lo social y entre lo social y lo familiar, donde la familia muchas veces representa el eslabón más débil pero al mismo tiempo el más necesario.

Si el adolescente accede a asistir a unas cuantas sesiones y establece una buena relación con el terapeuta, el éxito de la terapia está casi garantizado. Esto incluye aquellos casos en los que es necesario intervenir pero el adolescente y su  familia todavía tiene un cierto control sobre el problema.

La cara más oscura en la actualidad viene representada por los graves problemas de conducta alimentaria, de género y transgénero, fobias depresión o ansiedad que sufren algunos adolescentes y que representan un reto mucho mayor para las familias y también para la psicología. Sin ser pesimistas, debemos ser conscientes de que el tratamiento en estos casos puede alargarse notablemente y los resultados hacerse esperar.

No obstante, es posible realizar un abordaje indirecto de los problemas del adolescente con la colaboración de los padres, pues, al fin y al cabo, son ellos quienes conviven con él y quienes deben regular su comportamiento.